Son algunas de mis manías, pero supongo que aprendí a convivir con ellas o que ellas se amoldaron a mí. También creo que nacieron por necesidades íntimas: de no olvidar, de no hablar de más, de no quedarme callada, de no repetir vestuario, de tomar consciencia, pero por sobre todas las cosas de recordar. Aunque muchas miles de veces hubiese pagado para olvidar.